Capitulo 3
Cap 2,5
Kiko
Disfrutaba cada minuto de soledad en casa. Aprovechaba cada minuto de la soledad en la casa, sin su padre. Se llevaban bien, pero no hacía ninguna falta estar todo el día juntos. Pegados cuál uña y mugre. También influía mucho en esa necesidad de soledad, a veces tan necesaria, la muerte de su madre. Todo ocurrió en pocos meses. Un accidente, secuelas y desenlace fatal. No es algo de lo que Kiko y su padre hablen demasiado. Cualquiera que entré en sus vidas en estos momentos, piensa que jamás ha existido o existió una madre o una esposa en la familia.
No eran las páginas amarillas, ni un periódcico deportivo, ni siquiera un libro normal y corriente. Se trataba de una revista de las favoritas de Kiko, una revista pornográfica. La escondía debajo de un libro de clase.
El plan no tenía fisuras.
Su cara, en estos momentos, es la de observar un catálogo de postres después de hacer senderismo en Egipto.
De repente la puerta de la habitación se abrió de par en par. Su padre apareció por la puerta a grito pelado.
-!Joder!-dijo el padre de Kiko señalándo la revista con el dedo índice-¿Ya estás otra vez? Al final te vas a quedar ciego.
Kiko, del susto, acabó en el suelo. Y la revista por los aires.
-Menos mal que en el equipo ese te han cogido-Siguió hablando el padre mientras Kiko se levantaba del suelo-Yo así no te aguanto. Todo el santo (en realidad no dijo santo) día en tu habitación y cuándo me oyes que vengo, se escucha como cierras las puerta de la habitación. ¿Qué escondes hijo?
-Papá-dijo Kiko totalmente repuesto-Todos necesitamos nuestra intimidad.
La puerta de la habitación volvió a cerrarse. Esta vez dejándo a padre e hijo separados por un muro. En breve Kiko se marchará de casa ya que un equipo de fútbol le había llamado para jugar en primera división. Valentín, asi se llama el padre de Kiko, no entiende mucho de fútbol pero sí entiende que es una gran oportunidad para su hijo. Aunque tenga que marcharse y dejarle solo.
Ya era muy tarde. Tan tarde que ya le daba igual llegar a casa ahora o dentro de un rato. La bronca se la iba a llevar de todas maneras. Su padre era muy estricto con ese tema. Decía que nada ni nadie podía impedirte madrugar al día siguiente si quería ser un hombre de bien el día de mañana. Pero Kiko estaba hundido por otro motivo más personal que el de llegar tarde a casa.
Las escaleras de un portal cualquiera en una ciudad cualquiera, daban seguridad a Kiko, al menos para sentarse y pensar en lo que le acababa de suceder.
La verdad es que las horas pasaban allí casi sin apenas enterarse. No se enteró de que, Claudia, su mejor amiga, se le acercó al verle allí con esa cara de tristeza.
-¿Qué haces ahí Kiko?-dice Claudia accercándose a él.
-Amiga, ha pasado lo que tenía que pasar. Llegó de repente el marido y tuve que salir corriendo. Tube que esconderme en la terraza, estaba medio en pelotas-dice Kiko, y luego le cuenta toda la historia a su amiga.
-Entonces, te ha pasado lo mismo que en aquella canción de Barricada.
-Si, algo así. . .
Los dos amigos sonrieron al recordar la escena. Claudia se lo imaginaba y Kiko lo recordaba, y también se reía.
El día había llegado. Siempre llega.
Sentía esperanza y, al mismo tiempo, añoranza. Eso sentía Kiko en su interior mientras llegaban a la estación de tren. Su padre iba con él. La despedida se iba a hacer muy cuesta arriba. Él lo sabía, su padre lo sabía. Incluso las vías del tren lo sabían.
Kiko tenía un sueño desde siempre. Cuándo sigo siempre es siempre.Y muy probablemente iba a cumplirse al llegar a Madrid desde su Galicia natal. Debutaría este mismo fin de semana en primera división, el otro canterano llamado había tenído un accidente de tráfico y no podría estar. Su amor al fútbol le viene desde muy pequeño, casi es una obsesión desde la cuna. Siempre que Kiko recuerda su infancia era pegado a un balón. Su padre y su madre tenían mucha culpa de ese sentimiento. El padre llegó a ser futbolista profesional pero en aquella época no era lo mismo que ahora. No se ganaba el mismo dinero ni se tenía la misma popularidad. El padre de Kiko hizo casi toda su carrera en Galicia, muy cerca de casa. La madre, por su parte, era la chica de los deportes en la televisión local. Empezó desde muy abajo, cómo cualquiera, pero por ser mujer lo tuvo mucho más complicado. Aún así llegó a lo más alto en la televisión local. Durante casi veinte años tuvo un programa todos los lunes de 22:00 a 0:00. Con invitados ilustres de moda, reportajes de gente del deporte y un largo etcétera de secciones pequeñas pero muy interesantes.Y, cómo siempre, el deporte y más concretamente el futbol eran una parte fundamental en el programa.
Con todo lo llorado por una persona llorado ya, Kiko ya estaba sentado en su asiento del tren. Solo pidió una cosa en todo el viaje, un asiento con ventana. Quería dar un último vistazo a toda su vida. Semblante serio el suyo, y no iba a cambiar en todo el viaje. Era bastante curioso ver a un chaval vestido de traje y corbata. Cuatro horas le separaban de su sueño.
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